Un año juntos

 

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Hoy estamos de fiesta. Este blog nació hace justo un año. Cuando pienso en esos días recuerdo la ilusión que me hacía. A lo largo de estos 12 meses el blog, al igual que yo, ha ido pasando por diferentes momentos.

Desde hace mucho tiempo no he escrito ninguna nueva entrada. Podría utilizar la excusa más usada en nuestra sociedad, no tengo tiempo, estoy muy atareada, pero sería mentiros y sobre todo mentirme. El blog está en stand-by porque así es cómo quiero que esté ahora.

En estos meses han habido cambios. Siento que estoy en un cruce de caminos con muchas posibles direcciones y todavía no sé bien que camino tomar. No me siento perdida o sin rumbo, al contrario, estoy disfrutando de ver todo ese abanico nuevo de posibilidades. Quizás todo quede en el pensamiento y no se materialice nada, no lo sé, tampoco me preocupa. Estoy convencida que llegaré al puerto que tenía que llegar y sucederá aquello que tenía que suceder. Yo disfruto del viaje.

El blog volverá, estoy segura. No sé si será en la misma línea o con una nueva orientación. Con el tiempo lo veremos. Pero hoy estoy de celebración, hace un año di a luz un nuevo proyecto, lo he cuidado y lo he mimado lo mejor que he sabido. Él me ha ofrecido muchas alegrías y buenos momentos.

Pero esto no habría  sido posible sin vosotros. Os estoy muy agradecida por haberme acompañado durante estos 12 meses.

¡FELIZ PRIMER CUMPLEAÑOS!

Ser madre a los 40

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Desde siempre desee ser madre joven, a poder ser antes de los 30, pensaba que era la mejor opción. Los expertos nos dicen que la época más saludable para tener hijos es entre los 22 y los 30. Después la fertilidad comienza a descender y aumenta la posibilidad de sufrir complicaciones en el embarazo tanto para la madre como para el bebé.

Pero, aproximándome a mi cuarta década, me planteo las ventajas y desventajas de ser madre tardía (no me gusta el término de añosa) y siento que la etapa más fértil y más saludable, biológicamente hablando, puede no corresponderse a la de mayor preparación. Los 40 años pueden ser un buen momento para la maternidad.

Todos sabemos que en los países desarrollados las mujeres esperamos más para concebir nuestro primer hijo. Según el Instituto Nacional de Estadística: «La edad media de las madres primerizas en España fue de 32,3 años en 2013”.

Los motivos por lo que decidimos esperar suelen ser variados: disponemos de un buen control de natalidad, buscamos un desarrollo profesional o una seguridad financiera, deseamos disfrutar de la vida, viajar o encontrar la pareja adecuada, surgen nuevas parejas tras un divorcio o separación y disponemos de tratamientos de fertilidad que hacen posible los embarazos cuando nuestros óvulos ya no son tan jóvenes.

A los 40 años, las mujeres solemos estar más satisfechas de nuestra vida. Generalmente disponemos de un mejor nivel adquisitivo que a los 20 y una mayor estabilidad tanto en lo profesional como en lo personal. Esta madurez trae consigo experiencia, serenidad y paciencia, y esas son virtudes esenciales a la hora de criar a un bebé sano y feliz. Cuando una mujer de 40 años se embaraza, suele ser una madre concienciada y delicada.

Existen muchas mujeres famosas que se han convertido en madres en esta década por ejemplo Salma Hayek a los 41, Mariah Carey también a esa edad de gemelos, Kim Basinger a los 43, Ana Rosa Quintana de gemelos a los 47 años, Rosario a los 42 años…

Mi sensación, mirando atrás, es que a los 28 años tenía la biología y la energía, pero me faltaba un punto de serenidad. Ahora veo la vida desde otra perspectiva. Aunque quizás sea la maternidad la que ha ocasionado este cambio.

¿Tú que crees? ¿Qué edad tenías al convertirte en madre? y si no lo has hecho todavía ¿qué edad piensas que es la ideal para ti? ¿por qué?

No estás sola.

“Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio.”  Paulo Coelho

La vida está llena de desafíos. Muchas veces conseguimos salir victoriosos pero hay otras ocasiones donde los miedos o los diferentes obstáculos que vamos encontrando a lo largo del camino nos suponen retos inalcanzables.

En mi caso la maternidad ha sido la mayor aventura que he vivido. Surgió en mi un deseo irracional y mamífero que nacía de las entrañas y no de la cabeza. Mi metamorfosis había comenzado. En nuestro caso el embarazo tardó bastante en llegar y una sensación de vacío interior llenaba los días. Quien haya pasado por ello entenderá de lo que hablo. ¿Cómo puede doler tanto la pérdida de algo que todavía no has tenido?

Te sientes en una noria, te levantas contenta y esperanzada, pensand en que todo irá bien, seguro que este mes lo conseguiréis, pero luego puedes bajar a lo más profundo del pozo. Nervios, emociones muy complejas y dolorosas, sentimientos de incomprensión, desencuentros con la pareja, culpa, miedo a las técnicas de fertilidad…

En esos momentos yo no conocía el coaching. Hoy sé que es una técnica que puede ayudarte.

Tim Gawley lo define como “el arte de crear un ambiente a través de la conversación y de una manera de ser, que facilita el proceso por el cual una persona se moviliza de manera exitosa para alcanzar sus metas soñadas”.

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Tu coach te ayudará a analizar la situación con realismo, explorar tus sentimientos ambivalentes, adoptar estilos de vida favorables, superar bloqueos. Te motivará a trazar un plan de acción de acuerdo con tus necesidades y tus recursos.

Libérate de tus miedos. No estás sola.

La realidad del post-parto

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Con frecuencia las recién estrenadas mamás me preguntan porqué nuestra sociedad sólo ofrece la cara comercial y feliz de la maternidad y la crianza.

Tristemente esto suele ser lo habitual. No recuerdo que nadie durante mi embarazo me explicase la verdadera realidad de ser madre.   Siendo muy  importante saber que es un camino lleno de subidas y bajadas.

Nadie te explica que muchas mujeres nos sentimos solas al estrenar nuestra maternidad, porque vivimos en familias nucleares, a veces alejadas de nuestros padres y hermanos. Que  nuestras parejas disponen sólo de unos pocos días de paternidad antes de tener que volver al trabajo.

Así, a solas con nuestro bebé en casa, comienza una etapa intensa en que nuestras emociones parecen subidas a una montaña rusa. El modelo tradicional de madre implica una dedicación exclusiva con unas altas expectativas. Queremos hacer lo correcto en cada momento, pero no disponemos de quien nos guíe. Antiguamente las mujeres más mayores cuidaban de la parturienta durante la cuarentena. Esto permitía que la reciente mamá tuviese un tiempo de reposo y atención exclusiva para su hij@. Acompañada y asesorada por otras madres.

Hoy nuestra realidad es muy diferente. Por eso a veces crece en nosotras un pánico sordo cuando el bebé llora y tenemos la sensación de no ser capaces de calmarlo. Cuando los pechos duelen y tenemos ganas de llorar y llorar. Cuando nos sentimos irritadas, alteradas y nuestro bebé está nervioso. Cuando no encontramos el tiempo para vestirnos y salir a la calle se hace una hazaña imposible. Cuando los 5 minutos que duran la ducha son un lujo asiático. Cuando no sabemos a quien preguntar y cuando sin preguntar recibimos constantemente consejos y juicios. Cuando recibimos muchas visitas en casa y en cambio el sentimiento de soledad nos invade. Cuando la culpa y las dudas nos hacen suponer que no somos capaces de criar a nuestro bebé.

La mayoría de las mujeres no contamos con el apoyo y la tranquilidad que necesitamos durante el periodo de post-parto. La pareja es importantísima en esta etapa, pero no es suficiente.  Los dos estamos iniciándonos en la aventura de ser padres y tenemos nuestros respectivos miedos y temores.

Disponer de una persona que nos ofrezca sostén emocional, que nos cuide y nos guíe es importante para el bienestar de toda la familia.

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