¿Está mi bebé preparado para comenzar la alimentación complementaria?

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Hace unos meses escribí un post sobre alimentación complementaria, centrándome en el orden de introducción de los alimentos. Hoy pretendo responder a la pregunta que todo padre/madre se hace: ¿Cómo sé cuando ha llegado el momento de comenzar la alimentación complementaria?

Todos los expertos coinciden en recomendar lactancia materna exclusiva durante al menos los primeros 6 meses de vida. Sabemos que cada persona y por ende cada bebé necesita un plazo diferente de aprendizaje y de maduración.

Por eso opino que la mejor estrategia para valorar el inicio de la alimentación complementaria es la observación del bebé. Apelo al sentido común y al instinto maternal/paternal. Antes o después todos los niños se interesan por los alimentos que ingieren los adultos y mientras tanto la leche (materna o artificial) cubre todas sus necesidades.

Pero quiero remarcar que existen unos criterios mínimos que son importantes conocer para valorar si tu bebé ya está listo o no.

La edad es un criterio relativo. Lo ideal es no comenzar antes de los 6 meses. La mayoría de los bebés suelen estar preparados entre los 6-8 meses. Aproximadamente en ese periodo es cuando el sistema digestivo de tu bebé está lo suficientemente desarrollado para ingerir alimentos. Cuando éste es inmaduro, los espacios entre las células del intestino delgado son bastante anchos, para que puedan pasar los anticuerpos, que son partículas muy grandes, a la sangre, y así proteger al bebé frente a las infecciones. Pero con el paso de los meses la situación inmunológica del bebé mejora y el intestino delgado reduce el espacio de sus paredes y sólo moléculas pequeñas pueden pasar a la sangre. De este modo el cuerpo reduce el riesgo de alergias.

El tercer criterio es fácil de observar, es importante que tu bebé muestre determinados signos de desarrollo que indiquen que está preparado. Estos signos son:

  • Se puede mantener sentado sin ayuda y así tener las manos libres para poder coger el alimento y experimentar con él.
  • Ha perdido el reflejo de extrusión. El bebé ya no empuja los alimentos con la lengua hacia fuera cuando se le acercan a la boca.
  • Muestra interés cuando ve comer a los adultos, quiere participar e intenta coger la comida e introducírsela en la boca.
  • Sabe “decir que no”. Rechaza los alimentos cuando está saciado. Es capaz de auto-regularse.

Es frecuente que las mamás me pregunten que hacer cuando su bebé de 4-5 meses parece deseoso de comer. Sabemos lo importante que es retrasar ese momento hasta al menos los 6 meses, pero es positivo dejar participar al bebé del ambiente familiar en las comidas. Así que si el bebé todavía no se mantiene estable sentado, puedes colocarlo sobre tus rodillas. Ofrécele cucharas para que pueda jugar y familiarizarse con ellas. Esto hará que se acostumbren y acepten mejor los alimentos que introduzcas después.

Otra cosa que puedes hacer es darle un poco de agua o de la leche que tome en un vaso de plástico, para que juegue, disfrute y con un poco de suerte aprenda.

Si por el contrario tu bebé llegados los 6-8 meses no muestra interés por la comida, no desesperes. El alimento principal durante el primer año de vida es la leche. Deja que tu bebé marque el momento, cuando esté preparad@ te lo hará saber. Tú ofrécele alimentos sin forzar y de manera divertida. Déjale jugar también con cucharas, vasos y diferentes utensilios. Un día te sorprenderá pidiéndote tu comida.

Los hijos: nuestro grandes maestros

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Estoy convencida de que la maternidad te hace más consciente de quién eres y cómo eres. Los hijos son esos grandes maestros capaces de sacar la mejor versión y la parte más oscura de cada una de nosotras.

 Este fin de semana en un momento de esos que ni tú misma sabes que te pasa, agobiada no sabes porqué y aburrida no sabes porqué, mi hijo me mira y tranquilamente me dice: “Mamá, tú sabes que tomarse un descanso no es perder el tiempo”.

Sé que para muchos esto es obvio, pero para mi es todo un reto a aprender. Existe un grupo de personas que van de Don o Doña perfect@s.

 ¿Quieres saber si eres una de ellas?

Piensa en tu época de estudiante, ¿eras de los que una semana antes de la fecha de entrega de un trabajo ya lo tenía acabado, pero aún así continuaba revisándolo, porque nunca le parecería estar lo suficientemente bien?. “Siempre se puede mejorar”, ¿es uno de tus lemas?.

Si miras el mundo desde la crítica y desde el fallo o sientes que tienes dentro un juez implacable y feroz, que juzga cada palabra, cada acción, cada emoción sentida. O eres de los que inconscientemente clasifica cada cosa en bien o mal, sin escalas de grises, blanco o negro. Si tienes la sensación de vivir con una frustración casi permanente. Con una rabia interna que reprimes para que los demás no la descubran.

Si esto te resuena y te sientes identificado, quizás seas un perfeccionista. Una persona que suele ser muy exigente, consigo misma y con los otros, una persona que le gusta y necesita el control  y el orden.

No te preocupes no estás solo.  Además hay una buena noticia, por lo menos así lo creo yo, y es que este gen «travieso» ya lo traías al nacer.

Alguno podría pensar, eso es peor, no puedo cambiar si es genético. Yo no opino igual, el primer paso es aceptar que esa es la tendencia, como quien nace con el metabolismo lento. Su tendencia a aumentar de peso estará siempre ahí, pero depende de sus acciones y decisiones conscientes el mantenerse o no en el peso recomendado.

La tendencia de los perfeccionistas es a la auto-exigencia, a los “debería”, a considerar que pasar toda una tarde en el sofá es desperdiciarla… Pero ahí está nuestro gran trabajo, descubrir esos momentos donde la ira comienza a arder dentro de nosotros, reconocer nuestros limites, valorar los pequeños detalles.

Cada vez hay más evidencia de la importancia del autoconocimiento, de dedicarse unos momentos al día a escucharse, a reírse de uno mism@, centrándose en lo positivo de las cosas, cuestionando al juez interior… Las sesiones de coaching te pueden ayudar a encontrar el camino hacia la tranquilidad y la aceptación.

 Yo como madre, dispongo además de un gran maestro que me recuerda que cada día puedo cambiar los “debería” por “podría” y que muchas veces puedo dejar para mañana lo que podría hacer hoy. Porque la vida es corta y nos merecemos disfrutarla, ¿no crees?.

Taller de lactancia.

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Dice un proverbio africano “para educar a un niño hace falta una tribu entera”. En nuestro momento actual y en esta sociedad, las mujeres habitualmente están muy solas en la crianza de sus bebés.

Las parejas disponen de 15 días de permiso por paternidad y después tienen que volver a sus obligaciones laborales pasando muchas horas fuera de casa. Pero la conciliación de la vida familiar y laboral es otro tema de amplia discusión y hoy no voy a entrar ahí.

En generaciones anteriores era muy común vivir cerca de nuestros padres. Lo más habitual era que las mujeres se ocupasen del cuidado de los hijos y del hogar y no trabajasen fuera. Así cuando una mujer traía al mundo un nuevo ser, disponía de la ayuda de su madre o suegra, y a veces incluso de hermanas, tías, primas, cuñadas… Esto todavía existe en muchas culturas, donde la puérpera es cuidada las primeras semanas por el resto de las mujeres de su entorno.

Pero ahora lo habitual es que cuando tienes un hij@, las mujeres de tu entorno tengan una disponibilidad más limitada por trabajo, distancia geográfica… y que la pareja se pase fuera la mayor parte del día.

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Ante esta “crianza en soledad” están surgiendo espacios de apoyo de madres para madres. Durante los últimos 6 años, tengo la suerte de todos los viernes poder participar en un taller de lactancia/crianza. Son mujeres de diferentes culturas, con formas muy distintas de pensar, pero que comparten algo muy importante en sus vidas: la crianza de sus hijos/as.

Semana a semana comparten dudas, inquietudes, se tejen redes de apoyo incondicional, pues no se juzga, no se censuran las opiniones, se habla desde el respeto y la experiencia de cada una. Las madres más expertas ayudan a las inexpertas. Se ve como van creciendo en su rol de madre, pero también como mujeres y personas. Se habla de lactancia materna, pero también de pañales, del sueño de los niños, de la introducción de alimentos, del entorno…

Juntas aprendemos cada viernes, juntas escuchamos, reímos, lloramos, compartimos, aprendemos, reflexionamos, nos cuestionamos los mitos y las creencias de nuestra cultura… Especialmente intentamos conectar con nuestra intuición, nuestro instinto, aumentar la seguridad en nosotras mismas, auto-conocernos mejor.

Este viernes me emocionó ver a todos los bebés disfrazados para celebrar Halloween. Eso significa que durante toda la semana se han mantenido en contacto, se han apoyado unas a otras, han colaborado y compartido la ilusión. Han tejido su tribu.

Desde aquí quiero agradecerles a ellas y a todas las que han ido pasando por el taller a lo largo de estos años el aprendizaje humano que me han transmitido y te animo a que si estás embarazada o estás criando busques tu red de apoyo.

¿Qué opinión tienes de estos talleres de crianza? ¿Cómo te has sentido en ellos? No dudes en dejar tu comentario.

Ser madre a los 40

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Desde siempre desee ser madre joven, a poder ser antes de los 30, pensaba que era la mejor opción. Los expertos nos dicen que la época más saludable para tener hijos es entre los 22 y los 30. Después la fertilidad comienza a descender y aumenta la posibilidad de sufrir complicaciones en el embarazo tanto para la madre como para el bebé.

Pero, aproximándome a mi cuarta década, me planteo las ventajas y desventajas de ser madre tardía (no me gusta el término de añosa) y siento que la etapa más fértil y más saludable, biológicamente hablando, puede no corresponderse a la de mayor preparación. Los 40 años pueden ser un buen momento para la maternidad.

Todos sabemos que en los países desarrollados las mujeres esperamos más para concebir nuestro primer hijo. Según el Instituto Nacional de Estadística: «La edad media de las madres primerizas en España fue de 32,3 años en 2013”.

Los motivos por lo que decidimos esperar suelen ser variados: disponemos de un buen control de natalidad, buscamos un desarrollo profesional o una seguridad financiera, deseamos disfrutar de la vida, viajar o encontrar la pareja adecuada, surgen nuevas parejas tras un divorcio o separación y disponemos de tratamientos de fertilidad que hacen posible los embarazos cuando nuestros óvulos ya no son tan jóvenes.

A los 40 años, las mujeres solemos estar más satisfechas de nuestra vida. Generalmente disponemos de un mejor nivel adquisitivo que a los 20 y una mayor estabilidad tanto en lo profesional como en lo personal. Esta madurez trae consigo experiencia, serenidad y paciencia, y esas son virtudes esenciales a la hora de criar a un bebé sano y feliz. Cuando una mujer de 40 años se embaraza, suele ser una madre concienciada y delicada.

Existen muchas mujeres famosas que se han convertido en madres en esta década por ejemplo Salma Hayek a los 41, Mariah Carey también a esa edad de gemelos, Kim Basinger a los 43, Ana Rosa Quintana de gemelos a los 47 años, Rosario a los 42 años…

Mi sensación, mirando atrás, es que a los 28 años tenía la biología y la energía, pero me faltaba un punto de serenidad. Ahora veo la vida desde otra perspectiva. Aunque quizás sea la maternidad la que ha ocasionado este cambio.

¿Tú que crees? ¿Qué edad tenías al convertirte en madre? y si no lo has hecho todavía ¿qué edad piensas que es la ideal para ti? ¿por qué?

Dolor y grietas en el pezón

“Mujeres con poca leche hay muy pocas; madres con leche de mala calidad ceo que aún no se ha encontrado ninguna; pero los fallos en la técnica de la lactancia son el pan de cada día.” Carlos González, pediatra especialista en lactancia.

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Dar de mamar es un acto muy gratificante y debemos alejar la idea de que es dolorosa. Tenemos que confiar en nuestro cuerpo y en nuestra capacidad de poder alimentar a nuestros hijos.

Algunas mujeres pueden sentir dolor o tener grietas al inicio de la lactancia materna. Por experiencia propia sé que muy molestas.

Cierto grado de sensibilidad al inicio de cada toma durante los primeros días puede ser normal, debido a que los conductos no están muy llenos de leche y, por tanto, la presión que hace el bebé es mayor. Pero cualquier molestia más fuerte o que dure más del primer minuto necesita atención especializada.

Generalmente las grietas son debidas a una incorrecta posición del bebé, la lengua y las encías rozan sobre el pezón. Esto provoca también una succión ineficaz y tomas muy largas.

Nos encontramos con una mamá con dolor cada vez que coloca a su hijo/a al pecho. Y un bebé que necesita tomas largas y frecuentes, por no hacer un correcto vaciado del pecho.

Si tienes dolor o grietas en el pezón lo primero que deberías hacer es acudir a tu matrona para que haga una valoración de la toma. Muchas veces pequeños cambios como colocar un cojín debajo del brazo o acercar un poco más al bebé es suficiente.

Hay unas recomendaciones generales sobre la postura correcta para amamantar, pero cada pecho es diferente y en función del tamaño, dirección a la que apunta el pezón… será necesario hacer pequeños ajustes que tu matrona podrá indicarte.

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Lo correcto es dirigir su ombligo hacia tu cuerpo, abdomen con abdomen, los más pegado posible. La cabeza del bebé alineada con su columna, sin que tenga que girar ni doblar el cuello.

El pezón rozará su nariz o labio superior, así el bebé abre la boca muy grande como cuando nos comemos una hamburguesa triple. Entonces se empuja al bebé hacia el pecho. El labio inferior queda evertido. Sino es así y está doblado hacia adentro puedes bajarlo presionándolo ligeramente mientas mama.

Puede ser que te molesten las 2 o 3 primeras succiones porque cuesta un poco hacer el vacío suficiente para que el pezón quede en el lugar adecuado de la boca. Sabrás que tu hijo/a está bien colocado porque no dolerá.

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La posición correcta es lo más importante a la hora de prevenir y curar las grietas, pero hay otras cosas que pueden ayudarte también:

  • Si notas que tus pechos están muy llenos puedes vaciarlos un poco previamente. Así el bebé tendrá más fácil el agarre.
  • Intenta ofrecer el pecho muchas veces al día cuando el bebé esté tranquilo y antes de que tenga mucha hambre. Esto evitará la ingurgitación o excesivo llenado de los pechos. Si te lo pones cuando ya está nervioso es más fácil que se enganche mal y que tu también ten pongas ansiosa.
  • Atrévete a probar diferentes posiciones. Si siempre utilizas la misma, la lengua y las encías del bebé rozan en la misma. No tengas miedo. Una postura muy recomendada es la postura de crianza biológica. Te dejo el link para que puedas revisarla.
  • Empieza por el pecho menos afectado. Así evitarás la succión demasiado vigorosa del inicio.
  • Durante gran parte del día deja los pechos al aire el mayor tiempo posible. Ayudará a que cicatricen. Es bueno que les de un poco el sol.
  • La ducha diaria es suficiente para tus pechos. Evita los discos de lactancia. Puedes probar con las conchas protectoras o recolectoras que evitarán el roce del sujetador.
  • Cada vez que acabes de dar el pecho extiende unas pocas gotas de tu leche, siempre con las manos limpias para evitar sobreinfecciones. La leche materna tiene propiedades antisépticas y cicatrizantes.
  • Evita el uso de biberones o chupetes. La posición de la boca del bebé es muy diferente y la próxima vez que le ofrezcas el pecho podría agarrarse únicamente del pezón, empeorando la situación.
  • Cuando necesites romper la succión del bebé introduce tu dedo meñique y rompe el vacío. Hazlo despacio, pero tranquila no le harás ningún daño.
  • A veces el uso de pezoneras o de cremas con lanolina, caléndula… pueden ayudar. Pero recuerda que el motivo principal suele ser mecánico, lo más importante es colocar bien al bebé.
  • Puedes hacer lactancia diferida mientras se curan. Te extraes la leche y se la das al bebé en un vaso, jeringuilla o cuchara.

Una vez corregida la postura, las grietas se curan en pocos días, como cualquier pequeña herida de la piel. Si esto no sucede recuerda que pueden existir otros motivos como muguet, frenillo lingual, retrognatia o micrognatia, o irritación del pezón por sustancias irritantes como jabón.

Pero lo más importante es que confíes en ti misma y en tu capacidad de solucionar el problema. La lactancia materna tiene que ser agradable para ti y tu bebé.

¿Cómo ha sido tu experiencia con la lactancia?.

 

¿Quieres superar tu miedo al parto?

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Es muy habitual que cuando estamos embarazadas y pensamos en cómo será el parto nos embarguen emociones de inquietud, preocupación, ansiedad o miedo. El nacimiento de nuestros hijos es una de las experiencias más importantes que viviremos. No sólo tu estilo de vida y tus quehaceres cambian, también hay una gran transformación interna. Durante los 9 meses de embarazo se gesta un bebé y también una madre.

 ¿De dónde viene el miedo al parto?. Tenemos que viajar a la antigüedad, ya en el Antiguo Testamento, en el Génesis se nos alecciona con la famosa y atemorizante frase de “parirás con dolor”. Volviendo al presente quién no ha sido víctima de amigas, conocidas o familiares que por un extraño motivo arden en deseos de contarte verdaderas historias de terror sobre partos. ¿De verdad creen que ayudan de algún modo narrando con todo lujo de detalles esas historias?.

Una cosa que siempre me sorprende es que las mujeres que tuvieron una experiencia totalmente positiva, con una vivencia bonita y un parto fácil, no suelen entrar en tanto detalle a la hora de narrarlo.

Así que es normal y lógico sentirse un poco inseguras al pensar en el momento de dar a luz. La mayor parte de la información que nos llega tiene connotaciones negativas. El problema radica cuando un miedo paralizante, desproporcionado, irracional o patológico se apodera de nosotras. Esto se llama locquiofobia.

Cada mujer es única y por tanto cada una de nosotras podemos sentir miedos diferentes ante la misma situación, pero los más típicos suelen ser: miedo al dolor, al sufrimiento, a perder el control de la situación, a la muerte, a lo desconocido, a no estar a la altura y a que surjan problemas.

Desde el coaching podemos trabajar los temores vinculados al parto y las expectativas que tienes. Así aumentarás la confianza en ti misma, fortaleciendo esos recursos internos o puntos fuertes que ya posees y recordando todas tus capacidades. Analizaremos también tus puntos débiles y las creencias que pueden condicionar negativamente este momento tan importante, los “no puedo/no sé/no me lo merezco”.

 Te invito a que te respondas a estas preguntas:

  • ¿Qué sientes cuando piensas en el día del parto?
  • ¿Qué te dices interiormente?
  • ¿Cómo te gustaría que fuese ese día?
  • ¿Tus expectativas son realistas?
  • ¿Qué es lo que más te preocupa?
  • ¿Cómo puedes ayudar a tu hijo a nacer?
  • ¿Qué opinas del lugar donde sucederá?
  • ¿Qué pasará si las cosas no salen como deseas?
  • ¿Qué información necesitas para poder sentirte más segura?
  • ¿Dónde puedes encontrarla?

La realidad del post-parto

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Con frecuencia las recién estrenadas mamás me preguntan porqué nuestra sociedad sólo ofrece la cara comercial y feliz de la maternidad y la crianza.

Tristemente esto suele ser lo habitual. No recuerdo que nadie durante mi embarazo me explicase la verdadera realidad de ser madre.   Siendo muy  importante saber que es un camino lleno de subidas y bajadas.

Nadie te explica que muchas mujeres nos sentimos solas al estrenar nuestra maternidad, porque vivimos en familias nucleares, a veces alejadas de nuestros padres y hermanos. Que  nuestras parejas disponen sólo de unos pocos días de paternidad antes de tener que volver al trabajo.

Así, a solas con nuestro bebé en casa, comienza una etapa intensa en que nuestras emociones parecen subidas a una montaña rusa. El modelo tradicional de madre implica una dedicación exclusiva con unas altas expectativas. Queremos hacer lo correcto en cada momento, pero no disponemos de quien nos guíe. Antiguamente las mujeres más mayores cuidaban de la parturienta durante la cuarentena. Esto permitía que la reciente mamá tuviese un tiempo de reposo y atención exclusiva para su hij@. Acompañada y asesorada por otras madres.

Hoy nuestra realidad es muy diferente. Por eso a veces crece en nosotras un pánico sordo cuando el bebé llora y tenemos la sensación de no ser capaces de calmarlo. Cuando los pechos duelen y tenemos ganas de llorar y llorar. Cuando nos sentimos irritadas, alteradas y nuestro bebé está nervioso. Cuando no encontramos el tiempo para vestirnos y salir a la calle se hace una hazaña imposible. Cuando los 5 minutos que duran la ducha son un lujo asiático. Cuando no sabemos a quien preguntar y cuando sin preguntar recibimos constantemente consejos y juicios. Cuando recibimos muchas visitas en casa y en cambio el sentimiento de soledad nos invade. Cuando la culpa y las dudas nos hacen suponer que no somos capaces de criar a nuestro bebé.

La mayoría de las mujeres no contamos con el apoyo y la tranquilidad que necesitamos durante el periodo de post-parto. La pareja es importantísima en esta etapa, pero no es suficiente.  Los dos estamos iniciándonos en la aventura de ser padres y tenemos nuestros respectivos miedos y temores.

Disponer de una persona que nos ofrezca sostén emocional, que nos cuide y nos guíe es importante para el bienestar de toda la familia.

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