Enseñarás a volar

 

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Rebuscando entre los armarios, ha aparecido ante mi una hoja con este texto. Recuerdo perfectamente el día que lo leí por primera vez.  Me gustó tanto que lo copié. Mi hijo tenía pocos meses. Entonces me fascinó la idea de mostrarle el camino. Creía que sería un trabajo relativamente fácil. Era yo todavía muy novata. Pero ahora, que ya ha pasado una década siento la responsabilidad que eso supone día a día.

Albert Mehrabian, en la década de los años 70 realizó unas investigaciones sobre la importancia de los mensajes verbales y no verbales. Los resultados fueron muy sorprendentes. Del mensaje que queremos enviar o transmitir a las otras personas, sólo el 7% se basa en las palabras, en aquello que verbalizamos en voz alta. El 38% corresponde a lo vocal, cómo esas palabras son pronunciadas, aquí tenemos el tono, la entonación, el énfasis, las pausas, el ritmo, los silencios… Mientras que el 55%, sí, sí, has leído bien, el 55% de lo que la otra persona percibe es el lenguaje corporal: mirada, gestos, posturas, respiración, expresiones faciales, etc. Es decir, todo lo que es comunicación no verbal tiene una importancia de más del 90% en la comunicación. Es imposible no comunicarse, porque se habla, aún cuando no se dice nada.

Quizás te preguntarás, ¿esto qué tiene que ver con el poema? Mucho, creo yo, porque no son nuestras palabras las que enseñan el camino a nuestros hijos, sino nuestros comportamientos, nuestras actitudes… en resumen nuestra comunicación no verbal.

Y si pensamos en bebés las palabras se reducen a 0%. Durante los primeros meses no entienden lo que les decimos, pero sí cómo lo decimos. Se dice que son esponjas y es que vibran en sintonía a nuestra energía. Saben antes que nosotros si estamos nerviosos o tranquilos. En nuestra cara, en nuestros gestos se refleja nuestro estado de ánimo, aunque nuestras palabras digan todo lo contrario. Conforme van creciendo descubren antes la contradicción entre la parte verbal y no verbal. Es vital mantener la coherencia entre lo que sentimos, pensamos y expresamos. Que nuestras palabras definan nuestras emociones.

Como padre o madre, tenemos una gran desafío, escogemos nuestros sueños, escogemos nuestros vuelos y con ellos nuestros hijos dibujarán su camino.

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