Toxoplasmosis: El parásito de la personalidad

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Hasta hace poco se creía que la toxoplasmosis era una enfermedad infecciosa que en la mayoría de los casos pasaba desapercibida y no afectaba posteriormente. Se pensaba que sólo si te contagiabas en el embarazo sus consecuencias podían ser graves.

¿Por qué se creía esto?

La toxoplasmosis es una enfermedad infecciosa, causada por un parásito, el Toxoplasma gondii. Este parásito sólo puede reproducirse en los intestinos de los gatos. En las personas adultas sanas suele pasar desapercibida.

Sin embargo, en las mujeres embarazadas la infección por toxoplasmosis puede resultar dramática.

El riesgo de transmisión aumenta a medida que avanza la gestación. Mientras que los daños en el feto suelen ser más graves al comienzo de embarazo.

¿Qué dicen los últimos estudios?

Recientes investigaciones afirman que la infección no pasa sin dejar huella en todos nosotros. Tras la fase aguda de la infección, los toxoplasmas se quedan en “hibernación” y viajan a través del cuerpo para llegar al cerebro del anfitrión, provocando en éste cambios en su conducta. Esto provoca una disminución del miedo y de la ansiedad, una mayor impulsividad y un mayor riesgo de sufrir accidentes de tráfico. Consecuencia de la influencia que tiene el parásito sobre las sustancias químicas del cerebro.

¿Qué podemos hacer para evitar contagiarnos?

  • Evitar comer carne cruda o poco cocinada, a no ser que haya sido congelada a -20º durante un período de tiempo superior a 24 horas.
  • Lavarse las manos con agua y jabón después de manipular carne cruda. Limpiar los utensilios y superficies que se usen para preparar carne.
  • Lavar y pelar las frutas y verduras que se coman crudas.
  • Evitar el contacto con los excrementos de los gatos.
  • Usar siempre guantes de goma cuando se realicen labores de jardinería o similares.

¿Qué pasa con el jamón serrano?

Hoy en día muchas embarazadas reciben información contradictoria. El Ministerio de Sanidad sigue desaconsejando el consumo de embutidos y jamón serrano, a no ser que haya sido congelado previamente.

En 2012, el Centro Tecnológico Andaluz del Sector Cárnico (TEICA) publicó un informe donde se establece una correlación entre el tiempo de salado/curado, el contenido de sal del jamón y la viabilidad del Toxoplasma. La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) está pendiente de elaborar un nuevo protocolo sobre el consumo de jamón y alimentos curados en el embarazo.

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